Una no-recomendación.
Estoy a punto de dejar de leer un libro.
Y si no lo hago es por vergüenza torera y por exponerme a cierta incomodidad.
Aunque esa incomodidad implique lidiar con gilipollas.
Vamos al lío…
En este libro cada capitulo está escrito por una persona relacionada con alguna rama del ámbito científico.
La premisa de la que parte es preguntarle a cada uno de ellos qué concepto de su campo del conocimiento cree que debería conocer todo el mundo.
Bien, pues en el capítulo 8 hay un tipo que, lo digo ya, es imbécil.
Y no me hace falta argumento científico para decirlo.
Este mamarracho está explicando, precisamente, la importancia de que todo el mundo sepa que es un "concepto científico" porque así el mundo sería requetechuli.
A ver... Que no me parece mal que la gente sepa de ciencia, faltaría más, lo que no voy a compartir es que haga afirmaciones como que en las escuelas hay que dejar el pasado y centrarse en el futuro con un comentario bien instrumentalista de la educación.
Y desincentivando la natalidad.
Vaise usté a la mierda, hombre.
El espíritu científico que defiende este pavo pasa por enseñar a los niños cosas que los hagan útiles para el sistema y los retos que se supone el mundo enfrenta.
Digo se supone porque no es enseñarles a devolver la mojaíta al amego del segarro.
Es luchar contra el cambio climático (spoiler: me parece una trola que se tragaría una podemos profunda con la que viajé en blablacar).
Verás.
El sistema siempre ha usado la educación para criar braceros.
Por eso, hasta hace no mucho, los niños en la escuela eran pequeños funcionarios: hacer tareas, en la mayoría de los casos insignificantes, de tal a tal hora, parar para comer media horita y poco más.
Funcionarios por no decir reclusos, que sonaba fuerte.
Bueno, mañana sigo que estoy en la playa dando un paseo y está feo no mirar el mar y desconectar un poco.
Aunque más feo es el libro este y votar al PSOE, claro.
Si es que al final esto es como to'…

